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08 diciembre, 2010

ALGO PASA CON EL TRANSPORTE PUBLICO LIMEÑO

Muchos de los que usan a diario el TPU están realmente contentos por que el nuevo sistema METROPOLITANO, es el presagio de una nueva era de transporte, cómoda, rápida y probablemente económica. Pronto entrará también el tren eléctrico elevado pero lo que nadie se pregunta es, ¿Qué pasa y que pasará con el Transporte público desreglamentado (TPD)? ¿Por qué se le ignora? ¿Acaso no fue una imposición del gobierno constitucional de Alberto Fujimori? ¿A quién se le asignó la responsabilidad de su existencia, administración y operación?
Por lo que sabemos, toda esta responsabilidad fue asignada nada menos que al Municipio Metropolitano de Lima (MML), pero a lo largo de casi 20 años este municipio ha actuado como si fuese una víctima y lo único en que se ha preocupado es en establecer cada una de las rutas de cerca o más  de 500 líneas. Jamás se preocupó de reglar el tamaño de las unidades y la capacidad máxima permitida de pasajeros. En alguna oportunidad, durante la gestión de Luis Castañeda, se emitió una disposición respecto a la vestimenta de los choferes y ayudantes. Muy pronto vimos a las tripulaciones de las unidades del TPD debidamente uniformadas pero, ¿Cuánto duró esta disposición? ¡Unos pocos meses!
Ahora, todos los usuarios somos víctimas de un negociado del TPD que no tiene solución aparente o al menos, las autoridades responsables no quieren darse cuenta del verdadero problema y éste persistirá hasta que reviente.

Lo que más interesa a las autoridades municipales es el tratar de aliviar la congestión, ocasionada por el TPD en las principales avenidas del centro de la capital. No les interesa saber si hay otros sectores en problemas en las larguísimas rutas que tienen esos centenares de líneas. Por ello, es que creen que el problema se soluciona disminuyendo la cantidad de buses por línea o mejor aún, eliminando líneas. 

En los últimos diez años, se han aplicado estas dos medidas sin mayor éxito. Es importante ver que incluso en estas condiciones de caos vehicular del centro de la capital, lo importante es disminuir esa congestión cueste lo que cueste. En ningún caso se trata de “reparar” al transporte público existente sino de eliminarlo o disminuirlo de alguna forma para que así el caos disminuya. Realmente hay un divorcio entre el TPD y el MML.
El problema pues,  radica en que todas estas medidas son restrictivas u obstaculizantes. Así es, el MML, al igual que muchos otros organismos de gobierno piensan que los problemas se solucionan prohibiendo, impidiendo, eliminando o complicando las cosas. Por supuesto que dentro de todas estas posibilidades de “solución”, está aquella del negociado de buses, creyendo que con buses nuevos el asunto mejora. Los buses nuevos no reemplazan a los viejos sino que se suman y por ello nacen nuevas líneas. La cantidad de importación de buses de segunda mano es realmente impresionante y a diferencia de las autoridades, nosotros los usuarios, creemos que al traer más buses el problema se complica más por que hay mayor congestión.
Ni los gobiernos en curso ni las autoridades del MML a lo largo de cerca de 20 años, han querido darse cuenta que el problema principal es estructural, aparte, por supuesto,  de los problemas de informalidad generalizada.
Por otra parte, si eliminásemos todos los visos de informalidad que tiene el  TPD, volveríamos a lo que hubo antes de 1991, que fue la razón de ser de esta informalidad generalizada  que el gobierno de Fujimori, la definió como “desreglamentación total” y los que saben un poco más de este problema lo definieron como el “regreso a la época de las cavernas”.
Ignorar al TPD existente y botar injustamente sus líneas de buses de las rutas del metropolitano o del tren eléctrico elevado, no es correcto puesto que este sistema impuesto por un gobierno constitucional se justificó (¿Equivocadamente?) por ser antimonopolio y competitivo y basado en el principio de la oferta y la demanda. Personalmente creo que todos estos fueron grandes errores impuestos por un gobierno que veía más el negociado de autos y buses, que la mejora radical de ese servicio pero, después de todo, era una orden gubernamental y había que cumplirla y ¡Hasta ahora está vigente! Increíble pero cierto y mientras esté vigente el MML no tiene autoridad para botarlos de las rutas concesionadas.

Pero lo curioso de todo esto, es que estamos viendo que el MML, responsable de la administración de las rutas del TPD, no ve con buenos ojos el principio de competencia con el sistema nuevo e incompleto del METROPOLITANO y probablemente tampoco con el futuro tren elevado. Le teme y no le permite la coexistencia que en un país desarrollado se hubiese visto como un complemento positivo. A esto se suma algo de experiencia recabada de otros países como México, Colombia y Chile, que también fueron o son víctimas del transporte informal.
En Ciudad de México se le permitió a los informales coexistir con el sistema de metro, el sexto más grande del mundo, con más de doce líneas y más de 200 Km de rieles. El resultado fue que el metro mexicano trabaja a pérdida y se le subsidia con cerca del 60% de los gastos.

El sistema Transmilenio de la ciudad de Bogotá se inauguró en el año 2000 y al igual que en Ciudad de México, se le ignoró subestimando su peligrosidad pero en el año 2006 debieron darse cuenta de que estaban trabajando a pérdida y consideraron conveniente botar a los informales, de las rutas del Transmilenio. Esto ocasionó un paro total del TPU con apoyo de otros gremios y finalmente parece que los informales siguieron en sus rutas.
En Santiago de Chile se eliminaron a todos los informales al momento de poner en servicio al TRANSANTIAGO, sin darse cuenta que tanto ellos, como el Transmilenio bogotano (y el Metropolitano limeño) eran sistemas estructurados incompletos, faltándoles la jerarquía más básica y quizás la más importante, que eran los sistemas locales que atienden las zonas de viviendas de los usuarios. Muy pronto tuvieron que retractarse de su medida por que miles de usuarios tenían que caminar más de 1,000 metros para poder llegar a un paradero de ese nuevo servicio y transaron con los informales para que suplieran los servicios que faltaban pero no sabemos si estos operaron a partir de la fecha de manera formal.

Más extraño todavía parece ser que esta forma de operar el TPU en casi toda Latinoamérica, donde los choferes son los dueños del dinero recaudado operando un sistema sin jerarquía y con asignación de rutas larguísimas e incoherentes por parte del organismo regulador, sea intocable desde sus meros inicios, que no sabemos por quien, ni porqué, ni cuando comenzó, donde hasta ahora no se puede cambiar ni un alfiler a pesar de que cada día ocasiona una congestión incontrolable y creciente de unidades en las avenidas principales por sobreoferta de buses, en el centro de sus capitales, que obliga, a su vez, a imponer una cantidad insuficiente de unidades en cada una de las líneas. 
El problema pues, no consiste en eliminar a los informales sino de cambiar su forma de operar para que puedan coexistir amigablemente y complementar el servicio de los nuevos sistemas de mayor jerarquía. Lo que no se da cuenta el MML es que antes de introducir cualquier nuevo sistema de jerarquía superior, se debe formalizar y jerarquizar al TPD y eso no lo quieren hacer.
Nos preguntamos que es lo que pasa en el MML, que hasta ahora no se dan cuenta de esta solución tan importante  hasta cierto punto simple.

Carlos Reyna Arimborgo
 Mis blogs

CREYNA - INDICE DE ARTICULOS

15 mayo, 2008

FURIA Y DESORDEN EN SANTIAGO

Crítica aparecida en el diario El Comercio del día 25 de Marzo del 2007 ante la poco afortunada puesta en servicio del nuevo sistema de transporte público TRANSANTIAGO en la capital chilena. Reactualizado al 14/05/08.

Crítica aparecida en el diario El Comercio del día 25 de Marzo del 2007 ante la poco afortunada puesta en servicio del nuevo sistema de transporte público TRANSANTIAGO en la capital chilena. Reactualizado al 14/05/08.

21/04/07
Efectivamente, en muchos diarios latinoamericanos, incluyendo a los chilenos, se publicaron diversos artículos criticando negativamente a este nuevo servicio.

Lo paradójico es que el Trasantiago es la lógica repuesta al sistema informal que existía desde hace unos 30 años y cada vez era más ineficiente por la extrema lentitud en su paso por las avenidas céntricas debido a la gran conjunción de líneas, llegando a haber quizá más de 10 líneas diferentes circulando por ella. Conforme vaya creciendo más la capital chilena, los problemas se acrecentarán hasta llegar a una condición de caos total.

El Transantiago pretende formalizar al transporte público eliminando drásticamente al sistema informal (las micros amarillas) e introduciendo un sistema de red jerarquizada en donde opera un sector que atiende el centro de la capital y otros 9 sectores periféricos.

Los errores que se han presentado y que lógicamente son subsanables son de dimensionamiento, en algunos casos por rutas incompletas y en otros por cantidad inadecuada de unidades pero, repetimos, son errores subsanables

Lejos de tener paciencia y esperar que los problemas se subsanen, tanto los usuarios como la prensa y otros medios importantes de comunicación han puesto el grito en el cielo y muchos claman por que se vuelva al sistema anterior, sin saber que regresando no hay solución posible.

Damos a continuación nuestras críticas al artículo publicado en El Comercio simplemente con el fin de aclarar las cosas esperando que se llegue a buen fin por que al fin de cuentas, lo que pasa en la capital chilena, pronto puede pasar en Lima con el Metropolitano. Como lo hacemos a menudo, nuestras críticas van en color azul.

Furia y desorden en Santiago
Por Moisés Ávila Roldán, corresponsal

LA TEORÍA DEL CAOS. Los graves problemas que ha presentado la implementación de un nuevo sistema de transporte en la capital chilena ha puesto en jaque al gobierno de Michelle Bachelet.

Todo ello por tratar de reglar a la informalidad en cualquiera de sus aspectos, incluyendo, por supuesto, la propiedad de los vehículos y el intento absurdo de tratar de administrar a la fuerza el capital de otros.

SANTIAGO DE CHILE. Cuando en octubre del 2005 empezaron a difundirse los primeros comerciales de lo que podría ser el nuevo sistema de transporte en la capital chilena, la población empezó a mirar con agrado la posibilidad de que sus vetustos micros amarillos (similares a los Enatru que teníamos en Lima) fueran por fin reemplazados por unidades más modernas.

Observamos aquí una evaluación arbitraria y malévola de lo que era el transporte público santiaguino antes de la entrada del Transantiago puesto que se da a entender que el problema era solamente de buses viejos. Antes del cambio, el transporte público santiaguino era casi igual al de Lima, es decir, totalmente desreglamentado, lo cual, a su vez, permite la informalidad generalizada. La única diferencia quizás es que en Santiago no dejaron operar a las combis y donde había semáforos, con la luz verde nadie podía detenerse, incluidos los buses. La cantidad abismal de buses en el centro de la capital hacía que el sistema fuese sumamente lento y los choferes conducían agresivamente para lograr más pasajeros puesto que ellos eran los dueños del dinero recaudado. Donde no habían semáforos, no se respetaban los paraderos. Cuanto más grandes eran los buses, más lento se tornaba el sistema implantado.

La publicidad mostraba buses nuevos circulando por la ciudad con sonrientes conductores, aseguraba un mejor trato a los escolares y ancianos y hasta ofrecía unidades con rampas que caían al abrirse la puerta del vehículo para permitir el rápido acceso de personas en silla de ruedas. "Los mismos buses. Los mismos recorridos. Las mismas formas de pago. Cámbiate. Esto recién comienza", decía el comercial.
De aquella ilusión solo queda un video colgado en You Tube con irritados o resignados comentarios de los actuales usuarios. Aquello que recién comenzaba en el 2005, ya lleva casi cincuenta días de implementado, y vaya que revolucionó el transporte.

No olvidemos que estamos tratando de superar el caos terrible de la informalidad, que en muchas ciudades latinoamericanas existe no desde hace 50 días sino desde hace 50 años. Luego, nuestro objetivo no puede ser el de atacar nuevos sistemas haciendo notar injustamente que los sistemas informales son mejores, aunque sí dar las sugerencias del caso a cualquier nuevo sistema que presente anomalías detectadas por gente observadora.

Los problemas de los sistemas formales son totalmente diferentes de aquellos de los sistemas informales y ambos han dado lugar a los cambios drásticos de sistema que han ocurrido. El problema radica en que la informalidad es buena cuando el sistema es muy pequeño pero conforme la demanda aumenta como consecuencia del aumento de la población, los problemas se hacen cada vez más graves hasta llegar a un punto en que no hay visos de solución. Es algo así como un cáncer Terminal.

Los sistemas formales debidamente estructurados tienen siempre solución puesto que la zonificación, en parte se identifica con un tipo de problema como la necesidad de otra ruta local en algún distrito, la extensión de la ruta existente o aumentar o disminuir el número de unidades. Cualquier solución que se aplique solamente afectará a la zona en problemas. En la informalidad, con líneas larguísimas sin zonas, cualquier solución en una parte del recorrido afectará a otras partes a lo largo de la ruta.


Aquel usuario que tenía el paradero en la esquina de su casa ahora debe caminar unas diez cuadras para poder tomar el micro. De las ocho líneas de buses que transitaban por el barrio solo queda una que pasa cada 30 minutos. La media hora que un pasajero utilizaba para ir de su casa al trabajo se multiplicó por tres y las puertas de las estaciones de su cuidado, accesible y moderno metro ahora se cierran en las horas punta, porque sus vagones y sus pasillos de acceso colapsaron.

Justamente este párrafo sarcástico no tiene otro objetivo que desprestigiar al nuevo sistema en forma negativa y engañosa. Veamos. Lógicamente, así como habían personas al pie de un paradero, que ahora han sido afectadas por que el paradero está en otro lugar, lo contrario también es cierto. También tenemos que reconocer que con la informalidad los conductores, siendo dueños del dinero recaudado y por conseguir más pasajeros paraban en cualquier sitio ignorando la reglamentación de solamente detenerse en paraderos.

Por otra parte, en un sistema moderno se debe contemplar servicios urbanos o locales en cada uno de los distritos o comunas. La misión principal de estos servicios es la de permitir dirigirse desde las cercanías de sus domicilios a cualquier sitio de interés de su distrito como el comercio local, el mercado, parques, la comisaría, la alcaldía, algún estadio comunal, clubes, etc.

Los servicios locales, tienen por lo general paraderos cada dos cuadras, lo que permitiría a un usuario caminar un máximo de una cuadra para encontrar un paradero si está en la calle por donde pasa el bus o caminar un máximo de cuatro cuadras para encontrar la ruta de una línea, cosa que no concuerda con la sospechosa aseveración de que se tiene que caminar 10 cuadras para encontrar un paradero.

Lo curioso es que con la informalidad si existe con frecuencia el hecho de que algunos usuarios tienen que caminar más de diez cuadras para conseguir un micro. Esto sucede en las zonas terminales de cada línea cuya estructura no contempla ninguna jerarquía y los obliga a tener variantes con terminaciones en puntos diferentes, tratando de resolver así la falta de una red local en el sector, como resultado de gente que se ha quejado por ese atropello.

Si a pesar de todo lo escrito aquí, realmente es cierto de que algunos usuarios tienen que caminar 10 cuadras para tomar un micro, entonces esto se puede deber a una estructura incompleta de red local o incluso a la falta de ella, creyendo que con rutas troncales y alimentadoras el problema se resolvía y ahí puede estar el gran error que es falta de servicios locales en los distritos o comunas, pero que no es el caso del Transantiago puesto que ellos han considerado servicios locales en cada uno de los sectores, salvo el céntrico y que será motivo de un análisis posterior.

Cuando se menciona que de las ocho líneas que habían en el barrio ahora solamente queda una, tenemos que asumir que todas pasaban por una misma avenida puesto que el Transantiago ha considerado servicios locales para cada sector.

Por otra parte, esas ocho líneas que pasaban por una misma avenida del barrio, en forma competitiva similar a un mercado ambulante y con destinos diferentes fuera de su comuna, no resolvían los problemas de locomoción de la suya. Probablemente, la única línea que pasa ahora, conecta con otras líneas locales que le permitirán ir a cualquier parte de su sector sin problemas. También le permitirá al usuario ir al centro de su sector donde podrá tomar una línea troncal con destino a otros sectores. Si todo eso falla, entonces hay un problema en ese sector y se puede solucionar.

Si el bus local pasa cada 30 minutos, eso aparentemente es muestra de que faltan buses en esa línea, o que a raíz de que a esa hora la demanda ha bajado significativamente, es necesario también disminuir la frecuencia de los buses y los usuarios deben adaptarse a ello. Lo que hasta ahora no entendemos es si la queja es por falta de buses locales o por falta de buses alimentadores como también si la queja es en el sector Santiago o en los otros sectores.

La congestión del metro no la voy a tocar por que eso obedece a una situación de emergencia. Algo así como si uno quisiese hablar por teléfono tan pronto ha terminado una emergencia como un temblor o un incendio.


Estas son, hasta hoy, algunas de las 'bondades' del denominado Transantiago, un sistema regentado por el Estado pero con el uso de unidades de transporte administradas por empresas privadas.

Lo curioso es que en este importantísimo detalle de la forma como se opera el Transantiago, donde el mandamás es el Estado que administra la operación del sistema pero no es dueño de ningún bus, asignándole esa responsabilidad a una serie de operadores privados que ponen sus unidades no tan a ciegas y esperan que el gran jefe les retribuya los ingresos esperados, el artículo lo pasa a vuelo de pájaro. Nos preguntamos si esta forma de operar es tan prostituida como la forma como operan los informales.

Acá, en cambio, queremos aclarar que esta forma “antimonopólica” de operar un sistema de transporte público finalmente fracasará por que la corrupción y el robo de los que no son dueños de nada pronto aparecerá y finalmente los capos del sistema serán los operadores que más han invertido en buses, comiéndose en forma paulatina a los más pequeños.

Lamentablemente, esta es la misma forma en que opera el Transmilenio de Bogota que ya está en problemas con los informales, que inicialmente fueron ignorados y será la misma forma en que operará el Metropolitano de Lima.


LOS ANTECEDENTES
El sistema empezó a ser madurado durante el régimen de Ricardo Lagos. Allí se compraron las primeras unidades de transporte y se pusieron a prueba. Todo estaba previsto para que a mediados del 2006, Transantiago iniciara su funcionamiento. No obstante, durante las evaluaciones que se hicieron, las autoridades previeron que podían presentarse algunas fallas, por lo que decidieron postergar su lanzamiento. La posta le fue entregada a la actual mandataria Michelle Bachelet, quien, según dijo hace unas semanas, tanto las empresas de transporte como los especialistas del Gobierno le aseguraron que todo estaba listo para echarse a andar. Los hechos ahora demuestran lo contrario. Gran parte de la población capitalina ha calificado el nuevo sistema de transporte como un verdadero desastre.

Vemos pues que las cosas se van aclarando y que este sistema antimonopólico fue “madurado” y puesto en servicio durante la gestión de dos gobiernos presidenciales. Habría que preguntarse si hubiese ocurrido lo mismo sacando a licitación internacional todo el sistema, incluyendo el metro para que finalmente sea un solo operador de todo el transporte público capitalino. Acá, en cambio, están buscando la razón a la sin razón.

EN QUÉ CONSISTE
Antes del 10 de febrero de este año, los microbuses de distintas empresas se desplazaban por toda la ciudad, muchos de ellos con recorridos largos.

Todo eso debido a que el organismo responsable se limitaba a licitar rutas al igual que en Lima, todas ellas pasando por calles céntricas de la capital donde forzosamente había una gran conjunción de líneas. La forma de operar era exactamente igual a la que tenemos ahora en Lima. Nos preguntamos entonces por que en el comentario anterior, no se menciona el hecho de que se trasladaban a paso de tortuga y a la primera de bastos se lanzaban en una loca carrera por ganarse pasajeros, ocasionando muchas veces accidentes producto de las maniobras agresivas. Quizás con ese comentario se quiere indicar que antes todo era color de rosas y eso no era así, de ahí la necesidad del Transantiago.

Debido al incremento de unidades y a la falta de control de los mismos, había casos en que hasta ocho líneas distintas tenían una ruta idéntica o similar (lo cual sucede en Lima con las combis que van por la avenida Arequipa, Tacna o Abancay).

Aquí tendremos que preguntarnos cual sería la causal para incrementar unidades por que en el centro de la capital las unidades sobran. Nos atreveríamos a decir que debido al mal servicio en las zonas terminales de poblados periféricos, se generaban quejas que motivaban la exigencia de nuevas rutas para atender a gente que tenía que caminar más de un kilómetro para tomar un bus, o más buses en una línea existente ya que las unidades pasaban abarrotada de pasajeros.

Los organizadores del enredo de líneas informales solamente tenían que unir dos zonas opuestas de quejas con una ruta de unos 50 Km de longitud y atravesando el centro de la capital. La tarea no era muy fácil por que si bien es cierto que en las inmediaciones de las terminales solamente había una línea dando un mal servicio, al llegar a la zona céntrica se le tenía que asignar una avenida principal donde ya circulaban un montón de líneas. Realmente es muy modesto indicar que habían hasta ocho líneas por una misma avenida céntrica, puesto que si contamos las variantes de cada una de ellas, veremos que se comportan como otra línea independiente. Esta conjunción de líneas a lo largo de las avenidas principales céntricas no es producto de una falta de control sino que simplemente no hay tantas avenidas principales como los cientos de líneas de buses que las recorren y están obligados a permitir el recorrido de muchas líneas por una misma avenida. En Lima se pueden encontrar más de 15 sin contar las variantes que ocasionan hasta tres o cuatro buses de una misma línea en un momento dado.


Esto generaba congestión vehicular en avenidas como Alameda, una de las principales vías de Santiago, además de mucha contaminación. Lo que hizo el Transantiago fue distribuir a los buses por sectores, diez en total, y a cada uno le asignó un color distinto. Al mismo tiempo, implementó micros troncales, de color verde, que sirven de nexo entre un sector y otro. Por ejemplo: los buses celestes están destinados para movilizarse dentro de las comunas (distritos) de La Florida y La Granja. Si alguien quiere desplazarse de allí hacia la comuna de Puente Alto, que tiene asignado el color morado, debe abordar primero el bus celeste hacia el paradero de un bus troncal. Ya montado en este, debe dirigirse hacia el paradero de los micros morados, que lo llevarán hacia Puente Alto.

Vemos pues que ya están saliendo los problemas del sistema informal anterior: congestión, lentitud, polución, etc.
Hasta aquí y en lo que respecta a estructura todo lo que se hizo en el Transantiago es perfecto. Se dividió por zonas y cada zona tiene su propia red local. Lo que no se sabe es si cada zona pertenece a un solo operador y de ser así, si éste tenía absoluto control del diseño de su red local, que incluso podría tener una red troncal imbuida absolutamente en su zona, para permitir el intercambio entre dos líneas locales.

Luego se establecieron rutas troncales de interconexión entre zonas con buses de color verde o blancos con franja verde y troncales de acceso al centro que era la zona blanca. Lo que no sabemos es si para la zona blanca, se diseñó también una red local.


Si toda la ruta no excede las dos horas, los transbordos son gratis. Es decir, se paga un solo pasaje. Para ello, a cada usuario se le entregó una tarjeta llamada BIP, que debe cargar con una cantidad determinada de dinero y luego pasarla por un censor instalado en la puerta del microbús. De este modo, el chofer ya no recibe dinero en efectivo.

Vemos que el pasaje tiene una modalidad parecida pero no igual a aquella de la ciudad de Milán, Italia, donde el pasaje tiene una vida de 75 minutos y uno puede tomar cualquier bus, tranvía o trole indistintamente y en cualquier sentido mientras el boleto tenga vida. Puede salir de compras y regresar a casa con el mismo boleto, siempre y cuando el tiempo total esté dentro de los 75 minutos. El boleto también le da derecho a un solo acceso al metro.

El Transantiago es diferente por que no se puede tomar la misma línea dos veces, ni tampoco se puede viajar en sentido inverso, lo cual es una lástima.


Como para reforzar el plan, Transantiago contempló al metro dentro de sus rutas, hasta cuyas estaciones llegan los micros de todos los sectores, los que lo alimentan con pasajeros.

Me parece que este comentario está demás por que el principio fundamental de estos dos sistemas es el de complementarse. El metro por si solo es un sistema incompleto, solamente troncal y de ajuste grueso puesto que tiene paraderos muy distanciados y necesita el apoyo de líneas troncales paralelas y transversales, líneas locales y taxis; cosa que no ocurre cuando coexiste con un sistema informal donde se pretende hacer de todo con una sola línea y por tanto, es un competidor del metro y de cualquier sistema jerarquizado.

El metro, acostumbrado a recibir a un millón de personas al día, es solicitado ahora por 2'200.000. Error de cálculo que ha hecho a veces insostenible el viaje en el subterráneo.

Sin poner mi mano al fuego, me atrevería a indicar que este aumento del metro no se debe solamente a los problemas del Transantiago sino también podría estar demostrando que la informalidad le quitaba la mitad de los pasajeros al metro y ahora este sistema debe resolver el aumento drástico de demanda ya sea adquiriendo más coches y/o acortando la longitud de líneas que tienen gran demanda en el centro. Quizás la línea Uno del metro tenga que desglosarse en la estación Los Héroes o más allá, continuando hacia San Pablo en una línea de tren ligero que serán los mismos coches pero con frecuencias diferentes a las del centro de la capital.

¿DÓNDE ESTÁ EL PROBLEMA?
Como para entender mejor el asunto: imagine que dicho plan se aplicara en nuestra capital. Se le asigna el color azul a Los Olivos, Comas y Puente Piedra, y alguien que vive en esa zona quiere desplazarse al sector de Jesús María, Lince y San Isidro, que tiene el color rojo. Para empezar, el pasajero deberá abordar el vehículo azul, que lo sacará de su zona, hasta el paradero del bus troncal, que es el que une los sectores. Este último lo enlazará con la parada de los buses rojos, los que, finalmente, lo llevarán hasta Lince, por ejemplo.

Hubiese sido más fácil y al igual como ocurre en las comunicaciones telefónicas, indicar que con el nuevo sistema primeramente uno tiene que tomar un bus local de su comuna, dirigirse al paradero inicial de la troncal, que por lo general estará ubicado en la plaza principal del distrito, que lo llevará al centro de la capital y finalmente quizás necesite otro recorrido local para llegar a destino. En un sistema estructurado con una red jerarquizada es una obligación hacer transbordos y no por eso el sistema es malo. Cuando hay problemas, las soluciones son múltiples. En los sistemas informales no hay solución.

Hasta allí todo parece interesante y ordenado, ¿pero qué pasaría si en la ruta de los buses azules se olvidaron de incluir a Pro o Las Palmeras, en Los Olivos?


Sólo faltó que se indicase ¿Qué pasaría si el bus se malogra? En todo caso, sería mejor decir ¿pero qué pasaría si en la ruta de los buses azules se olvidaron de incluir a un sector de Pro o Las Palmeras, en Los Olivos? Ese problema ocurre tanto en la informalidad como en la formalidad. Anteriormente hemos expuesto como se resuelve un problema de estos en la informalidad y ahora solamente nos limitaremos a indicar que debido a ello es que se han ido paulatinamente aumentando el número de líneas de buses hasta llegar a casi 600 en la capital limeña, casi todas ellas pasando por el centro de la capital para formar el gran enredo de líneas que causan una lentitud espantosa, carreras por ganarse a los pasajeros, accidentes de tránsito, atropellos, polución, etc.

En cambio, en el transantiago, el problema es solamente del sector involucrado y las soluciones a estos problemas no afectan a otros sectores. Poner una nueva línea local para que alimente debidamente al sector de Pro, no afectará en absoluto a la zona céntrica y se hará casi de inmediato.


Y peor aun, ¿qué ocurriría si solo pasa un bus cada media hora por la zona? Eso es lo que está sucediendo en Santiago actualmente.

Nuevamente tenemos que indicar aquí que este es un problema de cálculo mas no de estructura y por tanto, es un problema aparentemente fácil de solucionar. El detalle está en que Transantiago no es dueño de ningún bus por que éstos son propiedad de pequeños operadores y habrá que ver si estos disponen de capital para aumentar su flota. De no ser así habrá que hacer nuevas licitaciones para incrementar el número de operadores interesados o invitar a que las unidades viejas del sistema informal participen en las rutas donde faltan buses.

Todo ello por querer hacer la guerra a un sistema monopólico. Tengo entendido que faltan cerca de dos mil buses, lo que demuestra pues un error de cálculo significativo pero solucionable aunque sea a mediano plazo. Probablemente los mismos “operadores” no quisieron invertir tanto en buses.

Con la informalidad, en cambio, los buses abundan pero no nos engañemos por que de repente el que necesitamos no está en el grupo que vemos y tenemos que esperar. Cuando pasa está tan lleno que no podemos abordarlo y tendremos que esperar a que venga el siguiente, que quizás se demore media hora y vuelva a pasar repleto. Aunque no lo crean, yo soy una víctima de ese proceso abusivamente selectivo por que vivo en Cieneguilla, Lima, Perú, a donde llega una sola línea y a veces tengo que esperar un bus con asiento durante casi dos horas para el recorrido de 25 Km que me espera. Mientras esto no tiene solución acá en Lima, en el Transantiago el problema radica en poner más buses en el sector afectado y no a lo largo de toda una ruta de 50 Km.

Es cierto, por supuesto, que los operadores del Transantiago están felices con los problemas existentes por que la oferta es tan baja que sus buses todo el tiempo andan repletos, es decir, con 100% de eficiencia. Ellos no desean cambiar esa situación.


Comunas ubicadas en la periferia de la ciudad, que antes contaban con por lo menos cinco líneas de transporte, ahora, en el mejor de los casos, tienen una que pasa cada media hora. Hay zonas que quedaron fuera del mapa y cuyos pobladores tienen que caminar hasta dos kilómetros en busca de un paradero.

Acá se insiste con este problema así que tendremos que ir más allá. En la informalidad habían cinco líneas en el poblado pero cada una con destinos diferentes y si uno tenía que ir a otro sitio de su mismo poblado, éstas quizás no servían y se tenía que tomar un taxi pero eso no se dice.

El Transantiago ha establecido una red local que le permitirá al usuario ir con más facilidad a cualquier sitio de su propio sector. El detalle está en el movimiento de personas a diferentes horas del día. Estamos seguros que la hora de entrada al trabajo esos buses no pasan cada media hora sino quizás cada cinco minutos. Sin embargo, en horas de trabajo, el movimiento local disminuye drásticamente y la frecuencia de buses tiene también que disminuir pero en esos casos, el usuario sabe que el bus pasará a tal hora y debe ir a esperarlo unos cinco minutos antes. No se trata pues de ir al paradero cuando se le antoje como es el caso de la informalidad sino de estar cinco minutos antes del momento que uno sabe que pasará el bus.

En la informalidad también ocurren casos de personas que tienen que caminar kilómetros para poder llegar a la Terminal del bus pero la solución no es tan fácil de resolver.


Las colas para abordar los buses son interminables y, como es obvio, no logran subir todos los pasajeros. La posibilidad de que en dichas unidades suba una mujer embarazada o una persona en silla de ruedas, como hacía creer el comercial, es nula. No obstante, la peor parte se la está llevando el metro. Mucha gente que antes no lo usaba, ahora se ve en la obligación de hacerlo ante el desconocimiento de los nuevos recorridos de los micros y su escasez. Dos personas ya han muerto en medio de las trifulcas. A ello hay que sumarle la detención de por lo menos cinco personas acusadas de manosear y hasta masturbarse en pleno viaje, tanto en el metro como en los buses.

Aunque estamos repitiendo nuevamente el mismo problema de escasez de buses, indicaremos que mientras en la formalidad (el Transantiago) tiene solución poniendo más buses, en la informalidad casi no hay solución. Uno ve que los buses abundan pero no está el que uno necesita. Solamente hay una gran oferta cuando uno hace desplazamientos cortos dentro del centro de la capital. Solamente esperamos que en el Transantiago no comiencen a sobre llenar los buses con el cuento de que faltan unidades.

Los que menos acceso tienen al sistema han protagonizado serias protestas en demanda del rediseño del programa. En algunas comunas populares hasta han incendiado unidades de transporte. En tanto, los más pacíficos han rebautizado a la tarjeta BIP como tarjeta ¡Plop! --en alusión a Condorito-- o tarjeta RIP (Rest in Peace) o descanse en paz, en español.

Indudablemente que el problema no es de diseño sino de dimensionamiento y es muy probable que los pequeños operadores tengan gran culpabilidad al no haber proporcionado el número adecuado de unidades en su Sector. Nunca faltarán los excesos de gente ignorante que no sabe lo que quiere pero está esperando la menor oportunidad para manifestar su descontento.

Personalmente creo que el error del Transantiago fue el de eliminar drásticamente a los informales. Era mejor formalizarlos primeramente en forma paulatina, darles la opción de formar cooperativas de transporte público en cada comuna obligándoles a formar una empresa con choferes a sueldo fijo; establecer servicios locales cercenando las rutas originales de manera que solamente lleguen al punto céntrico más importante de su comuna y que de ahí salgan o pasen las diversas líneas locales. Es decir, lo mismo que ha hecho el Transantiago pero con las micros amarillas. El resto de la línea se convertía en una línea troncal hacia el destino original en el centro de la capital.
La única zona que se debió licitar debió ser la del centro de la capital y conforme se iba implementando la red céntrica, se iban restringiendo las rutas troncaleras que venían de las comunas periféricas. Hubiese habido tantos sectores como comunas, con la opción de ellas de juntarse para hacer una red local mancomunada.

La forma de operar estas redes locales y las líneas de acceso al centro pudieron ser mediante cooperativas donde los propios choferes y dueños de unidades la conformen. De no estar interesados, la segunda opción pudo ser por licitación y por último, de fracasar ambas posibilidades, la empresa debió ser comunal por obligación.

LO BUENO DEL TRANSANTIAGO, QUE NO SE DICE
El Transantiago es un sistema estructurado bajo una red jerarquizada eficiente que obliga a efectuar una serie de transbordos pero no por eso criticable. Los transbordos ocurrirán incluso dentro de un mismo sector haciendo uso de dos o más líneas locales a fin de dirigirse al lugar deseado, cosa que no ocurre actualmente con la informalidad.
Cualquier error dentro de un sector es fácilmente corregible y sin afectar a otros sectores. Cuanto menos duplicidad de rutas haya por una avenida, las soluciones serán más fáciles y efectivas.
El sector céntrico de Santiago no contempla líneas locales y eso puede ser un error. La solución a ello podría estar en la implementación de dos modalidades de la misma línea por una avenida principal. Una modalidad expreso con paraderos cada cinco cuadras o más y otra urbana con paraderos cada dos cuadras. El boleto debe permitir la opción de un viaje en ambas modalidades y en ambos sentidos de circulación.

En horas de alto tráfico, en las rutas troncaleras se pueden soltar buses de tres en tres. El primero se dirige directamente al paradero tres y luego múltiplos de tres. El segundo va directo al dos y múltiplos de tres menos uno. El tercero va al uno y múltiplos de tres menos dos. Los buses solamente paran en paraderos no asignados cuando un pasajero desea bajar, pudiendo tomar los pasajeros de ese lugar.
En los lugares donde haya una cantidad significativa de transbordos, deberá haber una estación de transbordo terminal o de paso o habilitar una plaza importante para ello.

Mientras no hayan suficientes unidades modernas para atender la demanda, deberán usarse las mejores unidades de lo que fueron los micros amarillos.

14 marzo, 2008

COMO DEBIO SER EL TRANSANTIAGO DE CHILE

Crítica constructiva de lo que se debió hacer a fin de evitar los problemas que se han presentado con su puesta en servicio. Este artículo apareció en nuestro portal el 23/04/07 y estuvo a disposición de los lectores durante cinco meses. Sin embargo y en vista de que el Transantiago sigue en problemas hemos creído conveniente volverlo a publicar.
A diferencia de las noticias aparecidas en los principales diarios tanto chilenos como sudamericanos sobre el aparente fracaso de la puesta en servicio del sistema de transporte público denominado TRANSANTIAGO y en donde principalmente se le ataca dando a entender en forma indirecta que el sistema desreglamentado que operó durante cerca de 30 años, es superior, nos esforzaremos aquí por tratar de demostrar lo contrario y las razones de los problemas iniciales.
Primeramente comencemos indicando que los sistemas desreglamentados que operan en la mayoría de los países latinoamericanos aumentan sus problemas conforme va aumentando el número de líneas y éstas aumentan conforme aumenta la demanda por nuevos servicios. Es algo así como el tumor de un cáncer terminal que no tiene solución. De ahí la necesidad de formalizar al transporte público cuanto antes y estructurarlo de acuerdo a una red jerarquizada. Lamentablemente las autoridades chilenas no supieron evaluar el peligro que significaba el transporte desreglamentado existente y prefirieron eliminarlo drásticamente antes de cualquier intento de formalizarlos.
La presencia del sistema desreglamentado con una flota que aparentemente triplicaba la demanda, involucraba a una cantidad respetable de choferes y más aún, pequeños grupos de poder, propietarios de unidades, que tienen gran influencia en el área del transporte público. Sin mayores problemas estos últimos suministraban los buses con afán de negocio y sin mayor riesgo, trabajando en forma solapada. Ahora, en cambio, les han obligado a invertir en nuevos buses pero ya no controlan sus ingresos. Aunque no lo parezca, ellos pueden ser enemigos potenciales de los nuevos sistemas y tratarán de regresar al sistema antiguo y también pueden haber sido los responsables de no haber suministrado la cantidad requerida de buses.

Los choferes por su parte, harán otro tanto, no parando en los paraderos establecidos pero esta vez no por causa de parar en cualquier sitio sino debido a la intención malévola de no llenar los buses, cosa que no les importará por que ahora ganan un sueldo que nada tiene que ver con el grado de ocupación de su vehículo. Además, durante la época de la operación informal y desreglamentada, ellos se daban el lujo de trabajar 16 horas y más, ganando el doble y quitando oportunidad de trabajo a otro tanto de choferes. Ahora ganan la mitad o menos y si bien es cierto que su calidad de trabajo ha mejorado notablemente, contando ahora con período vacacional, descanso algunos fines de semana y solamente unas 9 horas de trabajo diarias, se opondrán a esta nueva estructura simplemente por que ahora ganan menos.

Por ello, era muy importante previamente “formalizar” a los informales de manera de que cada comuna o sector, según sea el caso, conforme una cooperativa de transporte público o en su defecto empresas privadas o comunales. Mientras no tuviesen relevo, las micros amarillas debieron continuar operando como antes pero solamente hasta el centro de la capital. Esta acción iba a duplicar el número de líneas pero por muy corto tiempo. Todas las líneas de micro tenían su origen en alguna comuna fuera del centro y se les podían agrupar por comunas y formar de inmediato una sola empresa comunal, con la responsabilidad de desglosar cada línea en dos jerarquías y todos los choferes ganando sueldo fijo. La jerarquía más básica era una red local operando en la comuna y determinando un centro de densidad en ella, donde debía terminar el recorrido de cualquier línea procedente del centro o de otra columna. La distribución de pasajeros en la comuna debía ser responsabilidad absoluta de la red local. Todas las unidades que conformasen la red local, dejaban de inmediato de ir al centro y aliviaban la congestión en él de forma significativa. La siguiente jerarquía, de líneas de acceso al centro, mantenía lo más posible la ruta original con los cambios necesarios para que todas lleguen a un mismo punto en la comuna de origen. Cualquier duplicidad de ruta debía ser eliminada de inmediato. Así se hubiese podido preparar al transporte público desreglamentado y desordenado en empresas comunales y luego se hubiese podido introducir al Transantiago en forma pacífica y eficiente. En vista que las redes principalmente zonifican la capital, nos hubiésemos dado cuenta de inmediato donde faltan y donde sobran buses; donde faltan y donde sobran rutas. Este cambio paulatino no debía haber causado ningún trastorno a los usuarios y los choferes, por tanto, no hubiesen tenido ninguna oportunidad de desprestigiar al Trasantiago.

Es importante acotar aquí algo utópico que hace mucho daño al transporte público. La política de izquierda no quiere ver monopolios ni tampoco grandes empresas. No quiere que las empresas sean las dueñas de los buses y prefiere verlos diseminados en manos ajenas que quieran o no, se convertirán en grupos de poder. Probablemente, esta forma de pensar ha degradado seriamente al transporte público y desvirtuado las verdaderas razones que dañaron al transporte público de antaño y dieron lugar a la descabellada idea de desreglamentar al transporte público con la idea de que cada chofer pudiese ser el dueño de su vehículo. Idea ridícula y utópica que por supuesto no dio los resultados esperados y que formó los mencionados grupos de poder que son ahora un gran escollo para el Transantiago.

El transporte público de antaño fracasó no por que fuese formalizado, como muchos pretenden hacer creer, sino por su falta de estructura, por no estar en manos de un solo ente sino en manos de empresas que parecían de corte familiar, por no diferenciar jerarquías. Aunque eso les duela a los políticos, especialmente de izquierda, el transporte público de una ciudad debería estar en manos de una sola empresa dueña de trenes, buses, tranvías y trolebuses.

Luego de estos dos párrafos tan importantes podemos continuar. Las empresas, por tanto, debían ser las propietarias de los vehículos o por lo menos las responsables del alquiler de ellas. Al ser estas empresas las responsables del servicio, automáticamente se iban a ver obligadas a regular la cantidad de unidades para atender correctamente la demanda, proceso fundamental para no malgastar ni tampoco perder. Este proceso de cambio hubiese incluido tanto la forma de administrar la empresa como la forma de operar los buses y la optimización de su red Asimismo, la cantidad de unidades a emplear hubiese sido de responsabilidad de cada sector o zona.

El área céntrica de la capital debió ser la única sometida a Licitación y con buses nuevos y una vez establecida ésta con sus servicios troncales y/o locales, se debió reajustar las llegadas originales de las micros amarillas de manera que lleguen hasta estaciones periféricas de los buses céntricos o del metro, salvo casos muy especiales en donde se requiera mantener la terminal de origen. Desde estas estaciones, lo más correcto era iniciar recorridos locales de distribución, en especial si la cantidad de transbordo era significativa. Todas estas estaciones debían contar también con servicios de taxi.

Siendo los sectores totalmente independientes no había razón para hacer un plan integral de tarifas salvo la concerniente a la combinación de varios viajes dentro de un mismo sector donde su valor debió ser inferior a la suma de los pasajes individuales.

El siguiente paso era el de ir paulatinamente modernizando las unidades viejas por la nueva tecnología de buses. Pero lo más importante de este cambio en el transporte público es que al jerarquizar y conformar una red inteligente los problemas y características se van identificando y aislando con cada sector y son fácilmente corregibles.

Finalmente, los usuarios tienen también una gran responsabilidad por que ahora en todos los casos deben ir al paradero para tomar un bus y forzosamente deben hacer transbordos. Donde haya transbordos significativos, lo mejor será construir una estación terminal o de paso con varios andenes o adecuar una plaza importante para ello.
Muchas de las rutas troncales, deben contar con una sola línea básica pero con dos modalidades de operación. Una con buses expresos y paraderos cada cinco o seis cuadras y la otra urbana con paraderos cada dos cuadras. El boleto debe permitir un pasaje en ambos sistemas.
En horas de alto tráfico, en las rutas troncaleras se pueden soltar buses de tres en tres. El primero se dirige directamente al paradero tres y luego múltiplos de tres. El segundo va directo al dos y múltiplos de tres menos uno. El tercero va al uno y múltiplos de tres menos dos. Los buses solamente paran en paraderos no asignados cuando un pasajero desea bajar, pudiendo tomar los pasajeros de ese lugar.
Esperamos pues que estos comentarios sirvan de algo para mejorar la operación del Transantiago ya que sus resultados servirán como guía para los nuevos sistemas que se implementen en otros países latinoamericanos.